sábado, 30 de octubre de 2010

Títeres en la escuela




El Teatro de Títeres existe desde tiempo inmemorial como una manifestación artística que ha atrapado por igual a niños y adultos de todas las épocas y culturas porque proporciona estímulos verbales y visuales que comprometen sentimientos, ideas, valores, vivencias personales y culturales comunes a todos las personas, por esta razón, el público se identifica con los personajes, les atribuye vida propia e interactúa con ellos, olvidándose por completo que un actor está por detrás para darles vida (B. Finkel, 1984).

Esta particularidad, junto a la fuerte relación que mantiene con el juego infantil permite que los niños, al manipular los títeres, hablen a través de ellos y los conviertan en intérpretes de lo que quieren expresar; así les asignan roles específicos, inventan diálogos o discursos en los que exponen muchas veces situaciones proyectivas de sus propias circunstancias (M. Glanzer, 2000). De este modo, los títeres llegan a todas las áreas significativas del niño: la comunicación, el lenguaje, las relaciones sociales, el conocimiento del mundo y su subjetividad.

Los títeres, como técnica expresiva en la escuela, permiten enriquecer la percepción, la creatividad, la expresión, la comunicación, la capacidad de juego de los alumnos/as y su acercamiento placentero al mundo de la literatura y del arte dramático. De allí, la importancia y el desafío de reconquistar el Teatro de Títeres para involucrarlos en una amplia gama de experiencias lúdico-expresivas que impliquen la exploración de las propiedades físicas de los materiales, la experimentación de técnicas variadas y la creación de otros mundos posibles utilizando formas e imágenes en movimiento.

Es preciso decir que el títere no es una manualidad ni un simple muñeco; es un personaje teatral que cobra vida en el escenario dentro del contexto de una acción dramática mediante la intervención de uno o varios titiriteros (V. Ragozinski, 2001). Así entendido, el Teatro de Títeres en el ámbito escolar debe abordarse desde múltiples perspectivas:

El Teatro de Títeres como práctica cultural

El Teatro de Títeres se encuadra dentro de las Artes Dinámicas o Interpretativas (teatro de actores, danza y las artes musicales). Si bien presenta numerosos puntos de contacto con las Artes Visuales (escultura, pintura, escenografía) y con el Teatro de Actores, no es una variante de uno ni de otro sino una forma dramática única que surge de la convergencia de ambos (R. Curci, 2007).

Es un arte popular que se puede caracterizar como un teatro no-mimético, ingenuo, directo y primitivo que no pretende imitar la realidad ni la condición humana sino evocarla, sugerirla, parodiarla y hasta transgredirla. Como toda manifestación artística, comunica ideas, emociones, sentimientos y visiones particulares del mundo de manera figurada y simbólica.

A lo largo de la historia, todos los pueblos y culturas han encontrado en esta práctica cultural un medio privilegiado de juego, expresión individual y comunicación social. Si bien no se conoce a ciencia cierta su origen, se cree que proviene de Oriente (s.XII A.C.), trasladándose posteriormente a Medio Oriente, Europa (Edad Media) y América (s. XVIII) donde surgieron diferentes técnicas titiriteras que evolucionaron y se adaptaron a las necesidades y gustos de cada época y medio social (M. Bernardo, 1988).

Por su carácter popular, ha sido considerado un “arte menor”; sin embargo, los creadores titiriteros del siglo XX están a la par de las personalidades de la escena moderna. Baste recordar a Paul Claudel, Bernad Shaw, Alfred Jarry y Federico García Lorca entre los escritores; Vittorio Podrecca, Paul Mc Pharling, Bill Baird, Chesnais, Lanchester, Philip Genty, Sergey Obraztszov y Merchke, entre los numerosos creadores de muñecos y extraordinarios espectáculos (M. Bernardo, 1988).

En nuestro país podemos destacar a los titiriteros Javier Villafañe, César López Ocón, Otto Freitas, Mane Bernardo, Sara Bianchi, Roberto Spina, los hermanos Di Mauro, Kike Sánchez Vera, Juan Enrique Acuña, Ariel Bufano, Adelaida Mangani, Tito Lorefice, Carlos Martinez, Silvina Reinaudi, Marcelo Peralta y Horacio Tignanelli sólo por nombrar algunos; Los títeres de Don Floresto, el Grupo de Titiriteros del Teatro General San Martín, Libertablas, y otros tantos que aún continúan asombrando y emocionando a niños y adultos.


El Teatro de Títeres como lenguaje artístico

El Teatro de Títeres como disciplina artística participa de las características generales de los lenguajes artísticos: un contenido a ser comunicado, un medio expresivo usado para hacer público un significado, un modo de tratar el contenido y una sintaxis, entendida como un conjunto de reglas para ordenar las partes en una estructura coherente sistema de significantes (E. Eisner, 1998).

Como lenguaje artístico especializado, cuenta con un código, recursos, técnicas y modalidades propias que se articulan en el hecho teatral junto con el lenguaje teatral, musical, plástico y literario para comunicar un mensaje de gran significatividad artística y social. Por la complejidad y diversidad de elementos que allí intervienen, se lo reconoce como un fenómeno metafórico, ficcional, social, cultural y comunicacional que invita a una comunión de los sentidos. Los diversos lenguajes visuales y sonoros que convergen en el Teatro de Títeres, a los que se ha hecho referencia anteriormente, son lo siguientes:

  • El títere: el muñeco, con su maquillaje y su vestimenta, es el aspecto formal del títere-personaje teniendo en cuenta que todos los atributos con que el titiritero lo caracteriza tienen significación.
  • El títere en acción: los gestos, ademanes, posturas, onomatopeyas de sonidos corporales y el discurso verbal que el títere-personaje utiliza para comunicarse con otros y con el público. El titiritero se vale de todos los niveles del lenguaje para expresarse a través de la elocuencia del muñeco.
  • La escenografía y la utilería: el conjunto de formas escénicas, texturas y colores que el titiritero utiliza para transmitir significados creando entornos y climas adecuados para el desarrollo de las acciones de los muñecos.
  • El sonido: las imágenes sonoras que se crean para jerarquizar imágenes visuales, crear climas psicológicos que acompañan la actuación de los títeres y “mostrar” al espectador acciones que no son percibidas visualmente.
  • La iluminación: las luces destacan, con mayor o menor intensidad de luz, las imágenes visuales que le dan significado a las acciones.

 El Teatro de titeres como práctica escolar

El Teatro de Títeres ocupa un lugar relevante en las prácticas escolares por su invalorable aporte al desarrollo cognitivo, afectivo, social, ético y estético de los niños escolarizados. Sin embargo, su aplicación en el campo educativo suele desvirtuar sus fundamentos, procedimientos y propósitos artísticos.  En este sentido cabe aclarar tres cuestiones fundamentales: el títere no es una manualidad, ni una escultura ni un recurso didáctico al servicio de fines utilitarios, es un personaje que vive y se mueve en el espacio por intermedio de la mano del hombre (Mane Bernardo, 1988); el dominio de las técnicas de manipulación requiere de una formación profesional específica; el maestro no es un titiritero ni el alumno tampoco.

Por lo tanto, es importante que se conozcan algunas reglas y estrategias básicas para aplicarlas de manera crítica, estética y significativa en las producciones escolares; para esto se sugiere:  

El manejo de los títeres: consideraciones generales

El títere debe reflejar al personaje a través del texto, del vestuario, de los movimientos y de la expresión, por ejemplo las caras de alegría o de tristeza, de allí la dependencia entre el títere y titiritero para comunicarse adecuadamente con el público. Para esto, se sugiere observar las siguientes cuestiones:

El títere: se calza cómodamente en la mano del titiritero y se sostiene el brazo en forma vertical sin temblequeos. Al hacerlo hablar, se debe mover el dedo índice (el que va en la cabeza del muñeco si se trata de un títere de guante) o toda la mano con movimiento de pinza (si se trata de un bocón). Si bien, mantener la verticalidad de los títeres es un tema difícil para los chicos, con la práctica se podrá lograr en forma progresiva.

Ingreso y salida de escena: entran por los laterales y se desplazan hacia la boca del escenario. Al llegar a la boca de escena, se hace una pausa antes de iniciar cualquier acción para que el ojo del espectador perciba los personajes y se adapte a su imagen. Salen de escena por los laterales, evitando las salidas bruscas por la línea de base, excepto que el personaje lo requiera.

Posición: se ubican de frente al público ya que si lo hacen de costado, no se ven bien y desaparecen de la atención del espectador, particularmente cuando se trata de títeres planos. Si bien esta regla no es válida para todas las técnicas se la debe tener en cuenta durante los ensayos para lograr una buena recepción por parte del público.

Ubicación y desplazamientos: ingresan a escena por los laterales y se ubican en la abertura del retablo como si estuvieran apoyados sobre el piso. Si el personaje no está bien apoyado sobre la línea de base parece que “está en el aire” o “cayéndose”, de allí la importancia de mantener la base y la verticalidad. Se desplazan siempre sobre la línea de base, utilizando las diagonales, la profundidad del espacio escénico y los tres niveles espaciales (alto, medio y bajo). Sus movimientos se deben adecuar al tamaño de la boca del escenario, evitando que los personajes se superpongan en un solo lugar.

Reglas y excepciones: no salen ni se retiran de la escena desde abajo porque si así lo hicieran se puede interpretar que “salen del interior de la tierra” o por el contrario, que “la tierra se los traga” o que “caen en un pozo”. Sin embargo, esta regla no se cumple en algunos casos: las plantas que brotan del suelo, los animalitos que viven en el interior de la tierra; personajes como el diablo, las brujas, las hadas o los hechiceros que entran o salen desde allí gracias a sus poderes mágicos. Asimismo, la regla no se respeta cuando se quiere provocar una reacción en el público tal como ocurre con los Títeres de Cachiporra que suelen “enterrar a garrotazos” al villano.

La distancia: ocupan todo el espacio escénico cuidando la distancia que separa a dos títeres-personajes ya que ésta define el tipo de relación que mantienen entre ellos: la distancia mínima denota una relación íntima como la de padre e hijo, amigos íntimos, enamorados o cónyuges; la distancia media, indica una relación personal como la que se produce en una reunión social, en la escuela, en el trabajo, etcétera; la distancia mayor revela una relación social como la que relaciona a quienes que no se conocen bien o que son extraños.

La mirada: orientan la cabeza o el cuerpo (depende de la técnica) hacia la dirección donde está ubicado el público, un personaje o el objeto con el que interactúan: el títere puede darse vuelta cuando el titiritero lo quiere hacer mirar hacia atrás o adelantar el cuerpo cuando lo quiere hacer mirar algo chiquito que tiene adelante.

El lenguaje gestual: se considera que los gestos, posturas y ademanes constituyen el verdadero lenguaje del títere. Este lenguaje siempre se ajusta a las características físicas, psicológicas y culturales de los títeres-personajes y a sus circunstancias. El movimiento es lo que define su ritmo biológico y su conducta por eso es importante que no se queden detenidos gesticulando frente al público; por el contrario, lo adecuado es que se desplacen por la escena, realizando todos los movimientos que la mano del titiritero puede hacer para transformar el muñeco en un ser viviente: caminar, correr, saltar, bailar, subir una escalera, sentarse, tirarse al suelo, dormir, entrar en un túnel, volar en una escoba, etcétera.

El lenguaje verbal: se caracteriza por el uso de fórmulas de iniciación (“Niños, niñitos y niñotes”) y finalización (“La función ha terminado ¡Seguiremos caminando/ divirtiendo y alegrando/ a los niños de otro lado!”), fórmulas de conjuro (“¡Aristotelín! ¡Aristotelán!”), deformaciones del lenguaje (Fantasma: Countas las gotas da agua…), juegos de palabras (“¿Quién puede vencer al Diablo/ y a los guardias que vigilan?) además de rimas, sinsentidos, antítesis, paralelismos, repeticiones, exclamaciones, exageraciones, refranes y moralejas .

El diálogo entre los personajes: al hablar, se abre y se cierra la boca del títere (manopla), se mueve con un leve movimiento vibratorio del cuerpo (varilla) o de la cabeza (guante) para indicar al público que es el personaje que está hablando y no otro. Si se produce un diálogo entre dos o más personajes, se mueven por turnos, respetando el orden en la conversación.

Los recursos titiritescos: se utilizan diferentes recursos humorísticos como las persecuciones, las peleas con garrotes, los juegos de aparecer y desaparecer, los malentendidos, los chistes, las confusiones, la ironía, las situaciones grotescas y otros recursos que, aunque recurrentes, siempre provocan la risa, la hilaridad y el aplauso del público. El efecto depende de la creatividad y la capacidad de los realizadores para ubicar el truco en el lugar y en el momento adecuado. Los recursos característicos del Teatro de Títeres son:

a) El absurdo: diferencia el teatro de títeres del teatro de actores ya que los títeres pueden realizar acciones que los actores están impedidos de hacer por su condición humana. Esta particularidad permite a un villano “volar hasta la luna” cuando le dan un garrotazo en la cabeza; a un enamorado “volar por los aires” impulsado por la fuerza del amor; a las hadas, los magos y los superhéroes “volar de un lado al otro” gracias a sus poderes mágicos; a cualquier personaje volar montado en un pájaro, en la boca de un dragón o tomado de la cola de un barrilete. Las posibilidades son muchas y dependen del ingenio creativo de los realizadores.

b) El animismo: consiste en darle vida a los animales y a los objetos inanimados, dotándolos de cualidades humanas para que actúen, sientan y piensen al igual que las personas, tal como sucede en la obra Don Cepillo y Microbín cuyos personajes son un cepillo de dientes y un microbio.
c) La exageración: es una antítesis necesaria para destacar una característica del personaje o de una situación. Por ejemplo, uno de los personajes de la obra Sopa de piedras es muy avaro. Su avaricia desmedida se puede destacar utilizando monedas doradas de una escala mayor a la del personaje.

d) El presentador: es un personaje que, además de presentar la obra, busca la complicidad del público comentando los sucesos y cerrando la historia con una moraleja tal como ocurría en la tragedia griega. Entre los presentadores más destacados se puede citar al humilde Relator, al poético Bufón y a los inolvidables Galerón y Trujamán que han hecho historia dentro del teatro de títeres por sus reflexiones críticas e irónicas sobre la realidad política y social de su tiempo.

e) El nombre de los personajes: rara vez presentan nombres propios, excepto Juancito y María que representan desde muy antiguo, el hombre y la mujer de pueblo. Por lo general, se designan por su oficio o características: el Ladrón y el Policía, el Vecino y la Vecina, Lobo y Zorro.

Prácticas en el aula

Las prácticas en el aula se organizarán diferenciando tres momentos: el juego exploratorio, la improvisación y la representación teatral con títeres. Se trata de tres momentos diferentes de aproximación al género, que pueden ser sucesivos o no:

El juego con títeres o juego exploratorio, puede ser un juego paralelo, durante el cual los alumnos exploran, juegan y descubren libremente las diferentes posibilidades expresivas de los materiales, objetos y títeres. Estos juegos se realizan con música, efectos sonoros u otros recursos, en forma individual, en parejas o tríos sin espectadores, de manera libre, orientada por la/el docente o con consignas acotadas.
La improvisación con títeres u objetos consiste en la representación de una situación sin preparación previa a partir de alguna consigna que ayude a imaginar la situación ficcional, de allí, en adelante cada uno interactuará con los otros creando las acciones y los diálogos sobre la marcha. Estas prácticas se podrán realizar de manera simultánea con todo el grupo clase o en parejas con tema libre o con consignas acotadas.

La representación con títeres consiste en poner en escena un texto que ha sido ensayado, dirigido y elaborado por el grupo de alumnos.




Bibliografía de consulta:


Bernardo, Mane: Del escenario de teatro al muñeco actor. Cuadernos de divulgación 2. Instituto Nacional de Estudios de Teatro. Dirección Nacional de Teatro y Danza. Secretaría de Cultura de la Nación. Ministerios de Educación y Justicia, 1988.

Bernardo, Mane: Teatro. Creación y técnica del espectáculo infantil. Editorial Latina. Buenos Aires, 1977.

Bernardo, Mane: Títeres. Editorial Latina. Buenos Aires, 1972.

Curci, Rafael: Dialéctica del titiritero en escena. Una propuesta metodológica para la actuación con títeres. Colihue Teatro. Buenos Aires, 2007.

Nadín, Ernesto Enrique: Títeres. Haciendo huella. El Camarote Ediciones. Río Negro, 2006.

Rogozinski, Viviana: Títeres en la escuela. Expresión, juego y comunicación. Ediciones Novedades Educativas. Buenos Aires, 2001.

Villena, Hugo: Títeres en la escuela. Ediciones Colihue. Buenos Aires, 1996.

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